Prometerles algo porque sí,
y no cumplirlo.
Quedarnos dormidas y llevarlos
tarde a la escuela.
Olvidarnos de ponerles las
galletitas en la mochila.
Prepararles dos días
seguidos fideos (porque es fácil).
No pasarles el peine fino, y
mirar para otro lado cuando se rascan.
Permitirles comerse el
paquete entero de caramelos.
Sacar la cuenta de que hace diez
horas que están frente a la computadora y no decir nada.
Rebelarnos y negarnos a
ayudarlos con la tarea.
Ver que el día está precioso,
y elegir dormir una siesta en lugar de
llevarlos a pasear.
Contestarles con el bendito “¡Ya
vaaa!” de ellos, cuando nos piden algo.
De vez en cuando vale...
Bajar la auto-exigencia.
Poner nuestros deseos y nuestras ganas en primer lugar
durante un rato.
Aunque el mundo se venga
abajo...




