Laura Arias
Ya casi no falta nada para el momento tan ansiado por nosotros (los padres) y tan poco esperado por ellos (los niños)... El comienzo de las clases.
Qué padre o madre en su sano juicio, no anhela recuperar horas de “libertad” perdidas, después de tantos meses.
Pero la verdad, es que yo también disfruto enormemente de ese tiempo sin horarios, ni presiones de ningún tipo. Sin despertador, ni peine fino. Sin viandas, cuadernos, mochilas, ni uniformes…
Las vacaciones se terminan y con ellas millones de cosas…
Adiós a la computadora a libre demanda, adiós a despertarse casi al mediodía, a invitar y visitar amigos en cualquier momento, a tirarse panza arriba en el sillón a mirar por enésima vez las mismas series…
¡Ay, cómo cuesta arrancar de nuevo!
¡Feliz comienzo de año escolar para todos!
Y que entre tantas obligaciones nunca falte tiempo... “Pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor”… Como diría nuestra querida María Elena Walsh.
(Y ustedes... ¿Cómo viven el comienzo de las clases?)
13 de febrero de 2012
"SE BUSCA"...
Elena Odriozola
Desde hace algunos días, la busco incansablemente y no puedo encontrarla.
Intento recordar dónde es que la dejé la última vez.
La tenía intacta cuando nació mi primera hija. Sí, eso lo sé bien, porque por más que me despertaba varias veces a la noche, allí estaba ella, acompañándome.
Con el nacimiento de mi segunda hija, también seguía allí. Aunque ya no era la misma. En ese momento me llamó la atención, pero lo dejé pasar. No le di mucha importancia…
Ya había sucedido otras veces. Desaparecía pero volvía enseguida, solita, sin que yo tuviera que salir a buscarla.
Hasta que hace unos días, volvio a pasar. Me desperté y de nuevo no estaba...
Di vuelta la casa, busqué en cada rincón, y nada… la muy pícara no aparece. Yo lo que creo es que se ha perdido.
Ya no era la misma del principio, como yo... se fue gastando un poco con los años. Pero era mía, la única que tenía, y la verdad, es que la quiero de vuelta.
A quien la haya visto deambular por algún lado, por favor, tenga a bien devolvérmela. ¡La extraño horrores!
PACIENCIA: si estás ahí, escuchando, por favor… ¡Volvé!
¡Nuestra vida no es la misma si vos no estás!
(Y Ustedes… ¿Cómo se las arreglan para no perder la paciencia?)
Desde hace algunos días, la busco incansablemente y no puedo encontrarla.
Intento recordar dónde es que la dejé la última vez.
La tenía intacta cuando nació mi primera hija. Sí, eso lo sé bien, porque por más que me despertaba varias veces a la noche, allí estaba ella, acompañándome.
Con el nacimiento de mi segunda hija, también seguía allí. Aunque ya no era la misma. En ese momento me llamó la atención, pero lo dejé pasar. No le di mucha importancia…
Ya había sucedido otras veces. Desaparecía pero volvía enseguida, solita, sin que yo tuviera que salir a buscarla.
Hasta que hace unos días, volvio a pasar. Me desperté y de nuevo no estaba...
Di vuelta la casa, busqué en cada rincón, y nada… la muy pícara no aparece. Yo lo que creo es que se ha perdido.
Ya no era la misma del principio, como yo... se fue gastando un poco con los años. Pero era mía, la única que tenía, y la verdad, es que la quiero de vuelta.
A quien la haya visto deambular por algún lado, por favor, tenga a bien devolvérmela. ¡La extraño horrores!
PACIENCIA: si estás ahí, escuchando, por favor… ¡Volvé!
¡Nuestra vida no es la misma si vos no estás!
(Y Ustedes… ¿Cómo se las arreglan para no perder la paciencia?)
7 de febrero de 2012
"AL FIN SOLOS"
Olivier Tallec
Tengo que admitir que nos costó volver a salir solos. No fue fácil.
Nos llevó un buen tiempo darnos cuenta de que valía la pena tomarnos el trabajo de arreglarnos, a pesar del cansancio, y de ver quién se quedaba con nuestras hijas.
Las primeras salidas fueron breves, auto-impuestas. Casi obligadas, diría.
Toda la conversación hacía referencia a ellas, como si no nos acordáramos que se podía hablar de otras cosas.
Volvíamos en un par de horas y respirábamos aliviados al ver que seguían ahí, que dormían plácidamente, que no habían preguntado por nosotros.
Y a medida que ellas fueron creciendo, nosotros le fuimos tomando el gusto… a esto de salir, digo.
Le tomamos el gusto a esto de olvidarnos del reloj, de ponernos al día sobre tantas cosas.
Le tomamos el gusto a rescatar ese espacio para nosotros.
Y ellas a su vez lo entendieron, lo aceptaron.
Ahora nos esperan los viajes… Apenas si nos animamos a irnos un fin de semana.
La verdad es que no me resulta fácil dejarlas, las extraño horrores y pienso cuánto disfrutarían de tal o cual cosa.
Admiro enormemente a quienes pueden hacerlo.
Y es que está bueno no olvidar, que además de mamás, somos tantas otras millones de cosas...
(¿Son de salir? ¿Se buscan ese tiempo para ustedes de vez en cuando?)
Tengo que admitir que nos costó volver a salir solos. No fue fácil.
Nos llevó un buen tiempo darnos cuenta de que valía la pena tomarnos el trabajo de arreglarnos, a pesar del cansancio, y de ver quién se quedaba con nuestras hijas.
Las primeras salidas fueron breves, auto-impuestas. Casi obligadas, diría.
Toda la conversación hacía referencia a ellas, como si no nos acordáramos que se podía hablar de otras cosas.
Volvíamos en un par de horas y respirábamos aliviados al ver que seguían ahí, que dormían plácidamente, que no habían preguntado por nosotros.
Y a medida que ellas fueron creciendo, nosotros le fuimos tomando el gusto… a esto de salir, digo.
Le tomamos el gusto a esto de olvidarnos del reloj, de ponernos al día sobre tantas cosas.
Le tomamos el gusto a rescatar ese espacio para nosotros.
Y ellas a su vez lo entendieron, lo aceptaron.
Ahora nos esperan los viajes… Apenas si nos animamos a irnos un fin de semana.
La verdad es que no me resulta fácil dejarlas, las extraño horrores y pienso cuánto disfrutarían de tal o cual cosa.
Admiro enormemente a quienes pueden hacerlo.
Y es que está bueno no olvidar, que además de mamás, somos tantas otras millones de cosas...
(¿Son de salir? ¿Se buscan ese tiempo para ustedes de vez en cuando?)
2 de febrero de 2012
"AMISTAD, DIVINO TESORO"
Tuve la suerte de viajar a Chile y poder reencontrarme con mi mejor amiga de la infancia.
Nos sorprendimos recordando anécdotas del pasado, y contándoselas a nuestras hijas.
Todavía conserva las cartas que le escribí de chica, en papeles con dibujos.
Cartas que narran momentos y situaciones que tenía casi olvidadas.
Y de pronto, afloraron todos juntos los recuerdos. Nuestros juegos, nuestros gustos… y nos morimos de la risa de nosotras mismas, mientras nuestras hijas nos miraban divertidas.
Los amigos de la infancia se estampan en el corazón para siempre. Quedan allí, como una marca indeleble.
Tienen el privilegio de pertenecer a esa parte de la vida que no se juzga.
Tienen el poder de trasladarnos automáticamente en el túnel del tiempo.
Son como un viaje de ida en primera clase, a la época más maravillosa... la de la niñez.
¡GRACIAS, ALI!
(Y ustedes... ¿Conservan amistades de cuando eran niñas?)
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