27 de julio de 2011

"LAS DESTACADAS"

                                                                                                                               Melanie Florian

Siempre me tocó toparme con alguna mamá que se destacaba del resto. 
Que llamaba la atención por diferente. Que no opinaba igual que las demás…

Era esa madre a quien  las contracciones no le dolieron en absoluto, apenas una molestia pasajera…

Era esa madre que cuando casi al borde del llanto le contábamos que no dormíamos o dormíamos muy poco, que ya no sabíamos ni cómo nos llamábamos, del cansancio que teníamos, ella nos miraba muy incrédula y nos contaba que su bebé dormía diez horas seguidas, así… de un tirón.

Es la misma que a la semana de completar la adaptación en el jardín, nos preguntó: “¿Todavía vos acá?”. Y se vanagloriaba de lo independiente que era su hijo, que ni “chau” se dio vuelta a decirle, el primer día que cruzó la puerta de la escuela…

Es esa, que frente a nuestra preocupación constante por lo difícil que se nos hace que coman frutas y verduras, en lugar de tanta pasta y postrecito, ella se ríe divertida del asunto. Su hijo no prueba ni un caramelo, come todo natural y en los cumpleaños hasta pide agua, porque no le gustan las gaseosas…

¿Ya se cruzaron en algún momento con alguna mamá así?

Yo, sí. En estos diez años me topé con más de una. En la escuela, en el pediatra, en algún cumpleaños…

Están ahí para intranquilizarnos, deprimirnos, mortificarnos.

Tienen un don especial… el de hacernos sentir las peores madres del mundo.

Qué mochila tan pesada se cargaron al hombro, pienso... Y yo, sigo eligiendo ir por la vida livianita de equipaje.

(Y ustedes... ¿Conocen o conocieron alguna mamá así?

22 de julio de 2011

"MAMÁ VINTAGE"

                                                                                                                                    Sarah Kay

Yo soy de la época en que los cuestionarios para la escuela se respondían buscando en las enciclopedias y no en “Google”.

Soy de la época de “El chavo del ocho”, “La isla de Gilligan” y “La familia Ingalls”.

De la época en que jugábamos al elástico en la plaza de enfrente, podíamos andar completamente solos por el barrio y volver para tomar la leche.

Que festejábamos los cumpleaños en casa, que en carnaval nos mojábamos con el “bombero loco”.

Que cambiábamos figuritas que se pegaban con plasticola. Que no necesitábamos pasarnos horas frente a un monitor para divertirnos…

A veces, les cuento estas cosas a mis hijas y ellas me miran con una cara tan extraña, que hacen que me sienta una especie de “Alf”, contando historias de otras galaxias.

¿Qué quieren que les diga?...

Hay cosas de la vida de “antes” que para mi gusto son irremplazables. 

Y pienso que no hay cajita feliz, play station, mochila con rueditas, ni zapatilla con luz, que pueda competir con eso.

(¿Qué cosas recuerdan con especial cariño o nostalgia de la época en que eran niños/as?)

18 de julio de 2011

"¡VACACIONES!"

                                                                                                             Cristina Azocar Weisser

Atrás quedaron, por suerte, aquellas épocas en que “vacaciones de invierno” significaba salir y hacer de todo…

Si las habré sacado, pobrecitas, con varios grados bajo cero para ver algún espectáculo infantil. Era una verdadera carrera contra el tiempo. Pretendía que en esas dos semanas hicieran las mil y una salidas.

Me moría de la culpa si por alguna razón  pasaban más de dos días “encerradas” en casa. 

Me quedaba con la triste sensación de que estábamos desaprovechando esos días preciosos.

Pero al volver a la escuela, ellas estaban más cansadas que antes… 
¿Y yo? Yo contaba los días que me faltaban para recuperar la libertad, en una tabla imaginaria en la pared, al mejor estilo carcelario. Cuántos días, horas y minutos quedaban,  para volver por fin  a mi rutina del trabajo.

Sí, a fuerza de golpes se hacen los hombres… y las madres también.

“Vacaciones” hoy en día en mi casa es otra cosa…

Es quedarse despiertas hasta cualquier hora mirando televisión y levantarse cerca del mediodía. Es invitar y visitar amigas, alquilar películas, jugar a lo que sea, encontrarse que a las seis de la tarde todavía están en pijama.

Me llevó un buen tiempo descubrir que el disfrute nada tiene que ver con gastar plata. 

Y haberlo aprendido,  tiene su premio…

Ahora el último día de clases, festejo a la par de ellas, porque sé que a mí también me esperan varios días de descanso por delante.

(Y ustedes... ¿Cómo viven las vacaciones de invierno de sus hijos?)

13 de julio de 2011

"REPASO GENERAL"

                                                                                                                              Irisz Agocs


Fracciones, análisis de oraciones, tribus indígenas, diptongos y triptongos, perímetro de los lados, pretérito pluscuamperfecto, características del bulbo, descubrimiento de América…

Juro que alguna vez supe todo esto. 
Supe esto y muchas cosas más, pero con el tiempo algunas las fui olvidando (casi por completo).

¿Es posible acaso saber tantos conceptos, fechas y lugares con la cantidad de datos que tenemos que memorizar diariamente?

No sé cómo funcionan las demás cabezas, pero a medida que fui creciendo, la mía se encargó solita de seleccionar las cosas más importantes...

Por suerte, la vida además de sabia es generosa, y nos “regala” un repaso general por los temas más diversos. Repaso que se multiplica por la cantidad de hijos que uno tenga.

El día menos pensado, uno se encuentra sentado a la mesa recordando cómo se divide sin calculadora. Y también... separando oraciones en sujeto y predicado, conjugando los verbos en todas sus variantes, nombrando las partes de una planta, clasificando ángulos y repitiendo de memoria las provincias en que se divide el país, con sus respectivas capitales.

La vida es tan sabia, que en esta segunda enseñanza, ya tenemos la madurez suficiente para entender todo mucho mejor.

Los nietos nos pedirán que los ayudemos, vendrá entonces el tercer repaso. Ahí sí, empiezo a creer, que ya no nos olvidaremos de nada… por algo dicen que la tercera es la vencida.

(Y ustedes...  ¿recuerdan algo de lo que estudiaron en la escuela?)

8 de julio de 2011

"AMENAZA QUE NO ES POCO"

                                                                                                                               May Ann Licudine


Tengo la mala costumbre de amenazar a mis hijas cada vez que se pelean o se portan mal.

Y digo amenaza, porque en eso quedan convertidas mis palabras… en falsas promesas, sobre posibles castigos que me cuesta horrores cumplir.

No soy buena para dejarlas sin ver televisión o invitar amigos. 

Y llegado el momento siempre se me aparece una excusa, una idea salvadora que me permite postergar la penitencia para la ya tan famosa: “próxima vez”.

Las tres sabemos que mis amenazas no sirven, no resultan… como todas las cosas que decimos que vamos a hacer y  nunca logramos llevar a cabo.

Igual, como buenas actrices que somos, nos compenetramos en los papeles que nos toca desempeñar...
 
Entonces se corre el telón y yo me convierto en el personaje más malo, habido y por haber... la madre enojada que grita. Y ellas, en las pobres hijas arrepentidas que lloran.

Esta obrita que montamos juntas,  ya me está resultando aburrida. Y sospecho que a ellas les debe estar pasando algo parecido.

Llevamos varios años repitiendo los mismos textos y lo que es peor... nos sabemos de memoria el final.

Se me ocurre que tal vez, ya vaya siendo hora  de implementar modificaciones en el guión.
  
(¿Cómo se llevan con las amenazas y los castigos? ¿Son de implementarlos? ¿Logran cumplir con lo prometido?)

4 de julio de 2011

"DE NOVELA"

                                                                                                                Marie Eve Tremblay                          

Alguna vez,  cuando mis hijas todavía eran chiquitas, me escuché diciéndole a alguien: “Prefiero que estén en la escuela todo el día y no mirando la novela de las tres de la tarde”.

Justo yo, que me vi todas las argentinas, y también las venezolanas, brasileñas, colombianas…

Justo yo, que desde muy chica me acostumbré a escuchar nombres como Encarnación, Emperatriz, Rosaura, Carlos Alberto…

Que me acostumbré a ver casas con mayordomos y escaleras de mármol, por las cuales bajaban ellas, las rubias y millonarias villanas de turno.

Que me acostumbré también a los revuelos que se armaban en la cocina, donde estaban las pobres mucamas, nuestras heroínas.

Y que me acostumbré también, desde temprana edad, a conocer de malos entendidos, de secretos, de venganzas, de engaños y de hijos bastardos…

Y sí… lo admito: me las vi casi todas. ¡Y cómo las disfruté!. Nadie me puede quitar  lo bailado.

Pero entre nosotras… ¿Qué quieren que les diga?, si hoy me dan a elegir, a mis hijas las prefiero en la escuela todo el día.

(¿Miraban novelas cuando eran chicas? ¿Recuerdan alguna en particular? ¿Y ahora son partidiarias de que sus hijos las vean?)





                                                                                                          
© madre in argentina
MAIRA G. + ESTUDIO BULUBÚ