23 de noviembre de 2011

"DESEOS DE PRINCESITA"

                                                                                                                                                Melanie Florian


Llega al cumpleaños de punta en blanco. Ella es extremadamente coqueta. Sus cambios de vestuario agotan a cualquiera y sobre todo a su madre, que es mi amiga.

Se acomoda la vincha, elegida cuidadosamente en función del vestido.

A sus cortos cuatro años, la combinación de colores en las prendas no es un detalle sin importancia.

Parece una princesita, e intenta comportarse como tal. Ciertos atuendos requieren de conductas acordes.

Salta, baila, y duda un instante, pero finalmente se abalanza hacia el piso en busca de los caramelos que caen de la piñata.

Hay situaciones que le hacen olvidar por un momento sus modales de “damita de honor”.

Y finalmente llega la torta.

Ella corre a ubicarse junto al cumpleañero, y es ahí cuando la ve tan de cerca.

Cuando queda deslumbrada ante esa enormidad de chocolate y grana, donde brilla un botín de fútbol, como un trofeo.

Canta y aplaude, sonríe para la foto… y cuando todo termina, le pide a su mamá que se acerque, que le quiere decir un secreto, pero  a pesar del ruido infernal, yo logro oírla: “Cuando sea varón, quiero que me hagas una torta igualita a esa”, le dice.

Entonces con mi amiga nos miramos, nos reímos, nos maravillamos de la ingenuidad de los chicos, y es que nosotros, los adultos,  la perdimos hace tanto tiempo… 
 

17 de noviembre de 2011

"EL LOBO FEROZ"

                                                                                                                                         Mey

Hace varios años ya, me enojé mucho con una chica que cuidaba a mis hijas. 
Era muy dulce con ellas, pero había tenido la poco feliz idea de contarles una historia de su pueblo.

La misma en cuestión, hablaba sobre la existencia de lobos feroces que comían a los niños que se portaban mal. Además de ser terrorífica, era una historia de lo más mentirosa, esta chica había nacido a escasos kilómetros de mi casa, y dudo seriamente que por esos lados hubiera animales salvajes.

Lo cierto es que ese relato causó conmoción en mi hija mayor, que al momento de la narración tenía apenas cuatro años.
Durante noches enteras comenzó a despertarse asustada, temiendo que algún lobo ingresara por la puerta de la terraza dispuesto a comerla.

Después de pasar la primera noche en vela, y maldiciéndola en silencio, decidí hablar con ella e instruirla acerca de los temas que no creía conveniente, tratara con mis hijas de dos y cuatro años.

La lista enumeraba lo siguiente: “Prohibido hablar con ellas de muerte, pérdida, abandono, tortura, secuestro, armas de cualquier índole, ladrones, violación, maltrato, prostitución, sexo, leyendas varias, desnutrición infantil, crisis económica, corrupción, accidentes de todo tipo, enfermedades, extraterrestres, monstruos, fantasmas… y por supuesto prohibido hablar también de animales feroces (o no tan feroces) que hicieran sufrir a los niños”.

Hoy varios años después, me acuerdo de esto y me río. Me pregunto de qué cosas habrá hablado con mis hijas en las horas que compartían juntas.

Ahora que son más grandes, ya conocen el significado de muchas de las palabras “prohibidas”. Es prácticamente imposible impedir que la realidad se filtre por cada rincón… ¡Y qué cantidad de lobos feroces me parece ver por todos lados!

10 de noviembre de 2011

"ALLÁ LEJOS, Y HACE TIEMPO"...


                                                                                                                      Kyle M. Stone

“¿Cómo que cuando eras chica no había computadora?” me dicen entre sorprendidas y divertidas mis hijas, esperando que me ría, que les diga que no, que es un chiste.

“Tampoco había celulares”, les digo. “Ni dvd, ni wii… En mi casa hasta que tuve diez años, no teníamos ni teléfono”.

“Pero… ¿dónde vivías?”, me preguntan al borde de la desesperación, como si vinieran a enterarse de que su madre es de la época de las cavernas.

“Es que la vida cambió mucho en poco tiempo”, les explico, y me remonto mentalmente a mis nueve o diez años en que viajaba sola en colectivo hasta la escuela de arte.

Hay cosas que me entusiasma contarles. Como la alegría de recibir mi primer walk-man. “¿Tu primer qué?”, preguntan a dúo como si en lugar de inglés estuviera hablando en mandarín.

Les cuesta creer que iba sola a la escuela, y no pasaba nada.

Y es ahí donde lamento que la vida haya cambiado tanto en tan poco tiempo.
Que la realidad me haya convertido en una mamá sobreprotectora.

Ahí es donde añoro la libertad que mis hijas perdieron desde antes de venir a este mundo, por el solo hecho de haber nacido en esta época, tan diferente a la mía.

 Ahí es donde intento hacer hincapié en la importancia de los avances tecnológicos, para no quedarme aferrada a las cosas tremendamente valiosas que existían, y hoy...  ya no existen. 

(¿Qué tipo de cosas vivieron de chicas y lamentan que sus hijos no puedan experimentar ahora?)


2 de noviembre de 2011

"SANA, SANA"...


                                                                                                                                    Gut

Si existiera algo que protegiera a mis hijas de todo lo malo, ¡yo lo quiero!

Más de una vez me encuentro pensando esto cuando les toca vivir una mala experiencia, cuando se desilusionan, cuando se frustran.

Deseo con toda mi alma que no tengan que atravesar ningún tipo de experiencia de esas que calan profundo en el corazón y dejan marca.

Deseo con toda mi alma que jamás conozcan gente que les haga daño, que las lastime sin razón.

Deseo que el mundo las proteja, las cobije, que siempre estén rodeadas de personas que sepan ayudarlas y contenerlas cuando algo les pase.

Deseo tantas cosas...  Muchas, sencillamente imposibles.
Porque la vida es así, tan llena de sorpresas gratas y de las otras. Tan impredecible, que lo único que nos queda es darles armas para que puedan afrontar el mundo solitos.

Y desear que cuando se caigan, se levanten y sigan caminando.

Que cuando alguien les rompa el corazón, vuelvan  a enamorarse.

Que cuando no logren eso que tanto anhelan, no pierdan las esperanzas de conseguirlo.

Sí, ya sé que de lo malo también se aprende, pero… una es madre.

© madre in argentina
MAIRA G. + ESTUDIO BULUBÚ