28 de septiembre de 2011

"PEQUEÑOS DESACUERDOS"

                                                                                                                   Jonasink


La mayoría de las veces estamos de acuerdo…

Estuvimos de acuerdo al elegir los nombres de nuestras hijas, y  también en que los primeros años yo iba a quedarme con ellas, en que queríamos que la escuela fuese laica, en que estaba bueno que hicieran algún deporte.

Sí, la mayoría de las veces estamos de acuerdo, y ni siquiera necesitamos hablarlo, tenemos la misma respuesta frente a muchísimas cosas.

Pero también hay otras ocasiones en que no sólo no coincidimos, sino que además, tenemos opiniones diametralmente opuestas y actuamos en consecuencia.

“¿Qué hacés comiendo eso antes de almorzar?”… “Me lo dio papá”.

“¡No podés salir sin campera!”… “Mamá dice que estoy bien”.

“Primero hacés la tarea y después jugás”… “Papá me dejó”.

“Habíamos quedado que no te ibas a comprar eso”… “Me lo compró mamá”.

Y sí… es prácticamente imposible salir airoso en todas las situaciones que se nos presentan a diario.

Y mientras nos enojamos, discutimos y peleamos...

Mientras los libros resaltan la importancia de no contradecirse frente a los hijos…

Mientras nos preocupamos pensando qué pensarán de nosotros, qué clase de ejemplo les estamos dando…

Allá están ellas, quienes muy lejos de traumarse, contrariarse o confundirse… aprovechan nuestros desencuentros, para terminar haciendo lo que se les da la gana.

21 de septiembre de 2011

"¡YA VAAAAA!"

                                                                                                     Verónica Navarro

¿Conocen esta frase? ¿La escuchan como yo, cien veces por día, como si fuera un mantra?

“Andá a  bañarte”… “¡Ya vaaaaa!”. “Vamos, que llegamos tarde...” “¡Sí, sí…Ya vaaaaa!”…

El llamarlas presupone un prepararse a lo que sea, porque hace tiempo que descubrí que nunca, pero nunca,  el momento es el adecuado.

Si no están terminando de jugar en la computadora, acaba de empezar un capítulo nuevo de algo, si no terminaron de pintar un dibujo, están a punto de… De lo que sea con tal de no hacer lo que les pido.

Y yo me pregunto: ¿POR QUÉ?

¿Por qué siempre la misma respuesta?

¿Por qué nunca aparecen instantáneamente?

¿Por qué hace falta rogar, suplicar, implorar...?

¿Por qué tengo que llamarlas cien veces, cada vez que las llamo?

El día menos pensado me transformo en “la madre vengadora” y aplico el “ojo por ojo, diente por diente”.

”¡Mami, mirá!”… “Má, ¿me ayudás?”… “¡Mamiiiii!”

“¡YA VAAAAA!”.

(Y a ustedes… ¿Les resulta difícil hacerse “oír”?)

16 de septiembre de 2011

"ENTRE PARES"


                                                                                     Julie Ann Bouden                                                            
Cuando mi hija mayor cumplió diez meses, empezamos a ir a un jardincito a realizar actividades de bebés y mamás.

Tengo muy lindos recuerdos de aquella época. No sólo por lo bien que la pasaban los chicos, sino porque además la mayoría éramos mamás primerizas.

Aquellas mañanas eran lo más parecido a una terapia de grupo. Eran una catarsis de las emociones más variadas, y ahí estábamos todas para apoyarnos. Como un verdadero grupo de amigas, aunque no lo fuéramos.

Con el tiempo y los chicos más grandes dejamos de vernos, pero el recuerdo perdura.

Como el de aquella mañana en que les conté entre feliz y asustada que estaba nuevamente embarazada. Todas se acercaron a abrazarme, y yo me fui más tranquila, con la convicción de que no iba a ser tan difícil este asunto de tener dos.

Ahora que mis hijas son más grandes, me apoyo mucho en mis amigas, y en algunas mamás de la escuela. Charlamos, desdramatizamos, nos reímos…

“La maternidad compartida entre pares, es mil veces más fácil”, escuché una vez decir a alguien… ¡Y cuánta razón tenía!



12 de septiembre de 2011

"OTROS TIEMPOS"

                                                                                                                             Clarice Bean

"¿Dos años tardaron en organizar el Ejército de los Andes?", me pregunta mi hija menor entre incrédula y asombrada, mientras estudiamos vida y obra de San Martín para una prueba.

"¿Dos años estuvieron, para coser la ropita (los uniformes), hacer una bandera, y explicarle a los soldados cómo luchar?".

"¿Sabés la cantidad de cosas que hago yo en dos años?", me termina diciendo, como para que yo entienda un poco más de qué se trata este asunto.

Y claro... en estos dos últimos años, mi niña de ocho comenzó la escuela primaria, aprendió a leer y a escribir, a dividir, a patinar, a cantar canciones en inglés.

En estos dos últimos años aprendió a andar en bici sin rueditas, conoció Brasil, fue a dos recitales, cambió de mejor amiga, se le cayeron casi todos los dientes, se fue de campamento, miró millones de películas, tomó clases de guitarra...

Dos años en la vida de uno pueden pasar sin pena ni gloria. Yo misma muchas veces, me confundo intentando descifrar cuándo fue que hice tal o cual cosa, se me mezclan las fechas y los recuerdos.

Pero dos años en la vida de un niño, es otra cosa. Son una verdadera eternidad, una cantidad infinita de experiencias completamente nuevas todos los días.

Si ella misma, ahora que está en tercero se conmueve con los pequeñines de primero y le entran unas ganas locas de abrazarlos, como si fuera mucho más grande... Y es que así se siente ella.

"Le voy a preguntar a mi maestra si sabe por qué tardaron tanto", me informa. Y es que hay algo en esta "pérdida de tiempo" del Sr. José de San Martín, que definitivamente, no termina de cerrarle.

7 de septiembre de 2011

"SEÑORITAS MAESTRAS"

                                                                                                                         Gabriela Burin


Las hay de todo tipo... Simpáticas, serias, amorosas.

Mandonas, divertidas, gritonas. Obsesivas, exigentes, relajadas…

Están las que rogamos en silencio, y cruzando los dedos, que no les toque nunca.
Y esas otras a las que les ofreceríamos todo lo que estuviera a nuestro alcance para que siguiera con ellos hasta séptimo grado.

Yo tuve de todo un poco a lo largo de mi vida... pero recuerdo especialmente con mucho cariño a mi maestra de tercero, por lo dulce que fue con nosotros.

Hoy como mamá, me siento agradecida frente a aquellas que se toman esto de enseñar como un juego y no se olvidan en ningún momento de que son chicos.

A las que remarcan los logros.

A las que ponen el énfasis en crear un vínculo basado en la confianza, porque saben que ahí reside la clave. 

Les estoy especialmente agradecida, a las maestras que desde el primer día supieron meterse en el corazoncito de mis hijas, porque ya no hay quien las saque de ahí.

(Y ustedes… ¿Tienen recuerdos lindos de alguna maestra en particular? ¿Cómo se llevan con las maestras de sus hijos?)


* EL 11 DE SEPTIEMBRE SE FESTEJA EN ARGENTINA EL "DÍA DEL MAESTRO", ASÍ QUE APROVECHO PARA FELICITAR A TODOS AQUELLOS QUE TIENEN VOCACIÓN POR ENSEÑAR.



1 de septiembre de 2011

"SIN PALABRAS"


                                                                                                Loreto Pinedo

Así me quedé  yo, al saber  por las noticias que la nena de once años que el país entero buscaba hace días, apareció adentro de una bolsa.

Muda. Sin saber qué decir.

¡Pero qué mundo tan hostil!

Quisiera que fuese una mala película de terror, para poder apagarla ahora mismo… Pero no. Es la vida real.

Y ahí nomás me acuerdo de las tantas, tantísimas veces, en que en lugares concurridos temí perder a mis hijas.

Las tantas tantísimas veces en que por décimas de segundos me invadió el terror.

Las veces en que me volvi un poco loca del miedo, aunque sólo fuera un instante.

No soy yo la loca, pienso entonces. Loca está la vida, que nos pone así.

Y me vuelve el recuerdo del domingo pasado, recorriendo una feria atestada de gente. Y me vuelve el recuerdo de mi angustia y mis gritos, dirigidos a mi hija menor…

“Siempre te pierdo”, le reclamé con un nudo en la garganta.

“Siempre estoy al lado tuyo”, me tranquilizó.

Qué poco saben ellas de este loco mundo todavía, pero qué bien conocen  a su madre…

Seguimos camino, agarradas de la mano… 

Y yo, con la triste sensación de no querer soltarlas nunca.

(A la memoria de Candela Sol Rodríguez y rogando justicia.)



© madre in argentina
MAIRA G. + ESTUDIO BULUBÚ