La mayoría de las veces estamos de acuerdo…
Estuvimos de acuerdo al elegir los nombres de nuestras hijas, y también en que los primeros años yo iba a quedarme con ellas, en que queríamos que la escuela fuese laica, en que estaba bueno que hicieran algún deporte.
Sí, la mayoría de las veces estamos de acuerdo, y ni siquiera necesitamos hablarlo, tenemos la misma respuesta frente a muchísimas cosas.
Pero también hay otras ocasiones en que no sólo no coincidimos, sino que además, tenemos opiniones diametralmente opuestas y actuamos en consecuencia.
“¿Qué hacés comiendo eso antes de almorzar?”… “Me lo dio papá”.
“¡No podés salir sin campera!”… “Mamá dice que estoy bien”.
“Primero hacés la tarea y después jugás”… “Papá me dejó”.
“Habíamos quedado que no te ibas a comprar eso”… “Me lo compró mamá”.
Y sí… es prácticamente imposible salir airoso en todas las situaciones que se nos presentan a diario.
Y mientras nos enojamos, discutimos y peleamos...
Mientras los libros resaltan la importancia de no contradecirse frente a los hijos…
Mientras nos preocupamos pensando qué pensarán de nosotros, qué clase de ejemplo les estamos dando…
Allá están ellas, quienes muy lejos de traumarse, contrariarse o confundirse… aprovechan nuestros desencuentros, para terminar haciendo lo que se les da la gana.




