Cristina Minguillón
“Mala, malísima del Universo”… solía decirme mi hija menor a los tres años, en sus peores momentos de enojo.
Ella
lo consideraba el peor de los insultos y
yo tenía que hacer un esfuerzo por no morirme de risa.
Cuando
yo no quería consentir un capricho o no le permitía hacer algo, sabía que en
cuestión de segundos escucharía la famosa frase.
Y era
así, en femenino. Nunca, jamás de los jamases, existió la versión masculina
dirigida a su padre.
La
pediatra ya me lo había adelantado… “Hagas lo que hagas, siempre van a tener algo
para reprocharte”.
En
aquél momento mi atención se centraba en otras cosas, pero cuando escuché el primer “MALA”, recordé
sus palabras.
Las
mamás somos las culpables de todo.
Y nunca
entendí por qué, pero creo que es así.
Si se
olvidaron de llevar algún material para la escuela, si no encuentran algo, si se pelearon
con alguien, si les fue mal en una prueba, si simplemente están de mal humor…
Pónganle
la firma… que en algo tuvimos que ver nosotras.


