Marion Billet
A esta altura del año, llega el famoso balance...
Y el blog, por supuesto, va en la lista de las cosas lindas que me deja el 2011.
Aprovecho la ocasión para agradecerles a todos...
A los que alguna vez pasaron por acá, y siempre vuelven.
A los que se toman ese tiempito para leerme.
A los que se animan a dejar su opinión, su punto de vista.
A los que recomiendan pasar por acá a otra gente.
A los que entienden este espacio, como una invitación a desdramatizar y a hacer catarsis.
Gracias a la familia y a los amigos, por estar siempre.
Gracias a mis tres amores, por llenarme la vida (y por seguir brindándome material para escribir).
A todos... ¡Gracias!
¡Y que el 2012 venga empapado de cosas buenas!
26 de diciembre de 2011
"DE A DOS"
Clarice Bean
Esta última parte del año, estuve trabajando varias horas fuera de mi casa.
Y la verdad... temía que la cosa no funcionara, pero debo reconocer que mi co-equiper ha trabajado muy duro para que mi ausencia se notara lo menos posible.
El las buscó todos los días de la escuela.
El habló con la maestra, cuando hizo falta.
El las acompañó a sus clases de patín tres veces por semana, y hasta las llevó a probar los trajes para la muestra de fin de año.
El las llevó al médico.
El les preparó la vianda todos los días, y la merienda todas las tardes.
El fue a las reuniones de padres.
El las llevó y las buscó de cumpleaños y casas de amigos.
Y podría seguir enumerando millones de cosas que habitualmente hago yo, y que esta vez, cual juego de postas, él tomó sin chistar (o chistando bajito, sólo cuando se vio superado por el cansancio).
La paternidad es cosa de dos, y es bueno recordarlo.
Las madres muchas veces nos cargamos al hombro todas las responsabilidades, nos cuesta delegar, y terminamos agotadas.
La paternidad es cosa de dos. Y es bueno recordarlo, no sólo por el alivio que representa, sino porque además, todo se vuelve mucho más gratificante.
Esta última parte del año, estuve trabajando varias horas fuera de mi casa.
Y la verdad... temía que la cosa no funcionara, pero debo reconocer que mi co-equiper ha trabajado muy duro para que mi ausencia se notara lo menos posible.
El las buscó todos los días de la escuela.
El habló con la maestra, cuando hizo falta.
El las acompañó a sus clases de patín tres veces por semana, y hasta las llevó a probar los trajes para la muestra de fin de año.
El las llevó al médico.
El les preparó la vianda todos los días, y la merienda todas las tardes.
El fue a las reuniones de padres.
El las llevó y las buscó de cumpleaños y casas de amigos.
Y podría seguir enumerando millones de cosas que habitualmente hago yo, y que esta vez, cual juego de postas, él tomó sin chistar (o chistando bajito, sólo cuando se vio superado por el cansancio).
La paternidad es cosa de dos, y es bueno recordarlo.
Las madres muchas veces nos cargamos al hombro todas las responsabilidades, nos cuesta delegar, y terminamos agotadas.
La paternidad es cosa de dos. Y es bueno recordarlo, no sólo por el alivio que representa, sino porque además, todo se vuelve mucho más gratificante.
22 de diciembre de 2011
"GRANDES COMPAÑERAS"
Cristina Quiles
Cuando mis hijas eran chiquitas me cuidaba mucho de no llorar delante de ellas.
No quería que perdieran esa imágen de padres super-héroes, y es sabido que los super-héroes no lloran.
Pero ahora que son más grandes ya no me escondo. Me han visto llorar varias veces.
Me han visto llorar de emoción y también de puro cansancio.
Me han visto llorar de angustia y también de alegría.
Me han visto llorar por cosas importantes y también por otras sin trascendencia.
Y es que a medida que crecieron, fueron entendiendo que sus padres somos dos personas de carne y hueso, imperfectos... que dudamos, que probamos, que nos equivocamos, que nos arrepentimos.
Ahora, cuando me invade el llanto, ellas saben quedarse a mi lado en silencio, o dándome ese abrazo que tanto necesito.
Y es en momentos así, donde las lágrimas van dejando lugar a otros sentimientos.
Van dejando lugar a la emoción y al orgullo, de ver que mis nenas chiquitas, se han ido convirtiendo en grandes compañeras.
15 de diciembre de 2011
"ÉPOCA DE CAMBIOS"
Melanie Florian
En medio de una de esas charlas-debate que solemos tener en casa, mi hija menor me pregunta cómo es eso de hacerse de amigos nuevos ya “de grande”.
Ella ni recuerda cómo es que conoció a los actuales. Son sus mismos compañeros desde que tenían dos años. “Nos pusimos a jugar y listo”, me dice. “Pero… ¿Ahora? ¿Cómo se hace?”
El 2012 asoma con cambio de escuela, y mis hijas además de tristes, están asustadas.
Sé que van a crear vínculos tan sólidos como los que tienen ahora y se los digo... “Cuando quieran darse cuenta van a estar llenas de amigos nuevos, y van a sentir que los conocen de toda la vida”.
Y a pesar de mi certeza, de la enorme confianza que me da la nueva escuela, a pesar de todo, no logro evitar esa punzada chiquita de angustia que se me instala ahí, en el medio del pecho.
El 2012 asoma con cambio de escuela, y me despido de la de siempre sumamente agradecida.
Elijo mirar para adelante, un poco triste y asustada yo también… pero muy segura de la decisión tomada.
(Y Uds… ¿Cambiaron alguna vez a sus hijos de escuela?)
7 de diciembre de 2011
"PARA MUESTRA, BASTA"...
Olivier Tallec
O mejor dicho… ¡BASTA DE MUESTRAS!
Ya me había pasado con mi hija mayor cuando estudiaba “Comedia Musical”. Los últimos meses se convirtieron en un verdadero calvario. Las profesoras que habían sido tan dulces, ahora parecían salidas de la serie “Fama”. Las pobres nenas, que sólo tenían siete u ocho años, se pasaban horas y horas ensayando después de la escuela, para la muestra de fin de año.
Pero parecería ser que con esa mala experiencia no aprendimos, porque tan sólo un año después, las clases de teatro dejaban de ser un lugar de placer y se convertían en ensayos de lo más tediosos, para que los pequeños memorizaran textos larguísimos. La profesora que todos los chicos querían, quedaba reducida a un manojo de nervios y gritos, intentando llegar a la fecha programada para la tan esperada… muestra de fin de año.
Dicen que la tercera es la vencida… y aquí estoy, frente a la coreografía de patín, que ensayan incansablemente veinte niñas (entre ellas, mis hijas) para lucirse este sábado. Me cuesta creer lo que escucho: “Va todo de nuevo. ¡Esto es un desastre!”. ¿Así es como esta profesora incentiva a sus alumnas?
¡Me cansé! ¡Basta!
Basta de profesoras que se convierten en brujas, porque las cosas no salen como esperan.
Basta de ensayos interminables.
Basta de memorizar tantos pasos, letras, marcas, coreografías, canciones, saludos…
Basta de pagar un dineral por los trajes y otro tanto por las entradas para toda la familia.
¡Basta de muestras, por favor!
Basta de estos espectáculos que producen cansancio y nervios, que les roba el entusiasmo.
Que les hace creer que lo único valioso es el resultado final, en lugar de enseñarles lo más importante...
Y es que no se trata sólo de llegar a destino, sino también, de poder aprender a disfrutar del viaje.
Que les hace creer que lo único valioso es el resultado final, en lugar de enseñarles lo más importante...
Y es que no se trata sólo de llegar a destino, sino también, de poder aprender a disfrutar del viaje.
1 de diciembre de 2011
"¡YO YA LO HICE!"
Loreto Pinedo
Yo ya estudié todas las tablas de multiplicar de memoria, ya aprendí las provincias en que se divide el país, ya hice mi germinación de poroto.
Yo ya pinté millones de mapas, ya escribí setecientas redacciones, ya me junté con mis compañeros para hacer láminas.
Yo ya separé en sujeto y predicado, ya convertí metros en kilómetros, ya dibujé miles de prismas y pirámides.
Yo ya memoricé las partes del cuerpo humano, ya conjugué todos los verbos existentes, ya resolvi infinidad de situaciones problemáticas.
Yo ya estudié hojas y hojas de historia, ya separé en sílabas y aprendí reglas ortográficas, ya convertí quinientas veces fracciones en números decimales.
¡Yo ya hice la escuela primaria!
Y aunque parezca mentira, cada tanto necesito repetírmelo, recordármelo, refrescarme la memoria...
Sí, yo ya hice la escuela primaria.
Y ahora les toca a ellas.
Y ustedes... ¿Cómo transitan la escuela de sus hijos? ¿Sienten, a veces, que se involucran demasiado?
Yo ya estudié todas las tablas de multiplicar de memoria, ya aprendí las provincias en que se divide el país, ya hice mi germinación de poroto.
Yo ya pinté millones de mapas, ya escribí setecientas redacciones, ya me junté con mis compañeros para hacer láminas.
Yo ya separé en sujeto y predicado, ya convertí metros en kilómetros, ya dibujé miles de prismas y pirámides.
Yo ya memoricé las partes del cuerpo humano, ya conjugué todos los verbos existentes, ya resolvi infinidad de situaciones problemáticas.
Yo ya estudié hojas y hojas de historia, ya separé en sílabas y aprendí reglas ortográficas, ya convertí quinientas veces fracciones en números decimales.
¡Yo ya hice la escuela primaria!
Y aunque parezca mentira, cada tanto necesito repetírmelo, recordármelo, refrescarme la memoria...
Sí, yo ya hice la escuela primaria.
Y ahora les toca a ellas.
Y ustedes... ¿Cómo transitan la escuela de sus hijos? ¿Sienten, a veces, que se involucran demasiado?
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