Elena Odriozola
“Cuanto más me acerco a los 40, más me alejo de poder volver a ser mamá”, me dice un poco angustiada una amiga.
“¿Y vos querés volver a tener otro?”, le contesto sorprendida. “No sé si quiero… lo que digo es que a medida que pasan los años, pienso que me pierdo la posibilidad de tener otro bebé y me da como un no sé qué. Se me estruja el corazón… ¿a vos no te pasa?”.
Y sí, a mí también me pasa a veces, para qué les voy a mentir.
Me confundo pensando que es deseo, y en realidad es nostalgia.
Nostalgia de las tardes en la plaza, de los paseos en el cochecito.
Nostalgia de llevarlas dormidas en upa a la cunita, de acariciarles la manito mientras toman la teta, de sacarlas de la bañadera con el toallón de capucha. De quedarme acompañándolas en los primeros cumpleaños, de festejarles los garabatos y de cantar juntas las canciones de Adriana.
Tengo nostalgia de mis bebés, que ahora se maquillan y ensayan coreografías frente al espejo. Que van a pijamadas, que se eligen la ropa solas, que ahorran para comprarse un mp4. Que todos los santos días preguntan cuándo van a poder tener celular y que ansían ser grandes.
Claro que tengo nostalgia… ¿O acaso a ustedes no les pasa?
(Para las que pasaron por esto hace tiempo... ¿Hay alguna cosa que extrañan de aquella época tan maravillosa y agotadora? Para las que todavía tienen bebés... ¿Qué cosas imaginan que van a añorar?)


